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Por otro lado, si la Biblia está en lo correcto en sus declaraciones sobre la borrachera y la intoxicación alcohólica, ¿dónde deja esto a quienes sienten que padecen una enfermedad? ¿Dónde deja esto a toda la investigación médica?

Para tratar estas cuestiones, mi método será distinto. En vez de estudiar fríamente importantes detalles médicos y exegéticos, me referiré a ellos por medio de una carta personal. De esta manera, voy a recordar que estamos intentando ayudar a personas reales que están luchando con problemas reales que dominan la vida. No estamos tratando una simple cuestión académica abstracta.

Una carta personal
Estimados hermanos y hermanas:

Yo nunca he sido adicto, pero he conocido a muchos adictos, y he aprendido de su disposición a pedir ayuda, de su sinceridad al hablar de las luchas que tienen, y de su deseo de vivir un día por vez. La relación con estas personas me ha hecho pensar mucho sobre las adicciones.

Escribo esta carta como parte de un libro que trata sobre el cerebro y el comportamiento. El libro trata de contestar la pregunta ¿Cuándo es que el cerebro nos obliga a hacer cosas y cuándo no nos obliga? Es una pregunta importante. Nos lleva a considerar las cuestiones de la vida; nos lleva incluso a Dios mismo.
Es lo que descubrí un día durante el almuerzo:
?Estoy enojado con Dios por haberme dado este problema con el alcohol ?me confesó mi amigo?. La mayoría de las personas en este mundo no tiene que luchar todos los días para mantenerse apartado de la bebida. Pero yo sí tengo que luchar. No es justo.
Yo estaba asombrado. Mi amigo estaba acusando a Dios por lo que él creía que era un punto vulnerable genético en cuanto al alcohol. Antes que él hiciera ese comentario, yo me había estado diciendo a mí mismo que me parecía magnífico que él hubiera dejado de beber. Pero después de su comentario, me di cuenta de que su percepción de cómo se había convertido en alcohólico era muy importante. Aparentemente, la teoría de mi amigo culpaba a su propio cerebro, y como Dios había creado el cerebro, Dios era parcialmente responsable por las tentaciones y los puntos vulnerables de mi amigo.

¿Pecado o enfermedad? Dos puntos de vista
Básicamente hay dos perspectivas sobre el alcoholismo y la mayoría de las otras adicciones: una médica y otra moral o religiosa. El punto de vista médico dice que el alcoholismo es una enfermedad; el punto de vista moral dice que es pecado o desobediencia a Dios. El punto de vista que uno adopte tiene implicancias para la manera en que uno vive toda su vida.

¿Por qué razón hoy la perspectiva de la enfermedad es la que tiene más influencia? Hay una razón de mucho peso: el profundo deseo de beber se siente como si fuera una enfermedad. Pareciera que cuando hay bebidas alcohólicas al alcance de la mano, hay también algo que toma control de nuestra vida. Para los que nunca han tenido ese problema, es fácil decir que el alcoholismo es una decisión consciente y libertina. Pero para los que tienen ese problema, no se trata de una decisión; es cualquier cosa menos una decisión. Y si hubiera una decisión, pareciera que la enfermedad es la encargada de tomarla.

El idioma que se usa para el alcoholismo, describe bien esta experiencia.
* «Lo preferible es el tratamiento en el hospital, a cargo de personal médico.»
* «Una vez que uno es alcohólico, siempre será un alcohólico. No hay cura posible.»
* «Un solo trago y ya se está borracho.»
* «La que está hablando es la enfermedad.»
* «Tal vez pronto haya tratamientos médicos.»
* «Usted no eligió esto, así que esto sólo puede ser una enfermedad.»

Esta perspectiva es la metáfora que prevalece en nuestra cultura tanto para el problema como para las soluciones. Para mí, la cuestión va más allá de que mi amigo hizo un comentario insólito e inquietante durante aquel almuerzo. La Biblia es la razón porque no puedo dejar de lado esta cuestión. Creo que la Biblia es el mapa que Dios me ha dejado para mi vida, y creo que la Biblia entiende y habla mejor que nadie a los mecanismos interiores de los seres humanos.
Cuando vamos a la Biblia para ver lo que dice sobre las bebidas alcohólicas, hay algo que es difícil debatir: la Biblia siempre afirma que la borrachera es pecado. La Biblia usa ilustraciones (Génesis 9:18-27; 1 Reyes 16:9), descripciones (Proverbios 23:29-35) y prohibiciones (1 Corintios 5:11; 6:9-10; Gálatas 5:19-21) para enfatizar que Dios declara que la borrachera va en contra de sus mandamientos. Nadie que toma en serio lo que dice la Biblia ha puesto en tela de juicio esta interpretación. Sin embargo, hay opiniones diferentes en cuanto a si borrachera en la Biblia en realidad se refiere al alcoholismo moderno o a la droga dependencia.
Para comparar estos dos conceptos, primero consideremos la definición moderna de alcoholismo o droga dependencia:
«Un patrón inadecuado en el uso de sustancias adictivas que lleva a un deterioro o a un peligro clínicamente relevante, tal como se manifiesta en uno (o más de) de los siguientes aspectos:
1. Uso repetido de sustancias adictivas, cuyo resultado es el no cumplimiento de obligaciones importantes en el trabajo, los estudios o el hogar.
2. Uso repetido de sustancias adictivas en situaciones en que resulta peligroso desde el punto de vista físico.
3. Recurrentes problemas legales en cuestiones relacionadas con sustancias adictivas.
4. Uso continuado de sustancias adictivas a pesar de tener persistentes o repetidos problemas sociales o interpersonales, causados o exacerbados por los efectos de la sustancia adictiva.
Ahora bien, ésta es la manera en que la Biblia describe la borrachera:
¿De quién son los lamentos? ¿De quién los pesares?
¿De quién los pleitos? ¿De quién las quejas?
¿De quién son las heridas gratuitas?
¿De quién son los ojos morados?
¡Del que no suelta la botella de vino ni deja de probar licores!
No te fijes en lo rojo que es el vino,
ni en cómo brilla la copa,
ni en la suavidad con que se desliza;
porque acaba mordiendo como serpiente
y envenenando como víbora.
Tus ojos verán alucinaciones,
y tu mente imaginará estupideces.
Te parecerá estar durmiendo en alta mar,
acostado sobre el mástil mayor.
Y dirás: «Me han herido, pero no me duele.
Me han golpeado, pero no lo siento.
¿Cuándo despertaré de este sueño
para ir a buscar otro trago?» (Proverbios 23:29-35, NVI)
¿Se da cuenta de que estas descripciones son prácticamente idénticas?